jueves, 23 de diciembre de 2010

Una lección de dignidad

Juan Carlos Villamizar es un ciudadano hospitalense que tras la atrocidad que aprobó el pasado martes el pleno del Ayuntamiento de su ciudad, pidió la palabra y brindó a la audiencia un emocionante dicurso. Por supuesto la Alcaldesa le hizo callar en un tic caciquil tan común en ella.
Villamizar lo explica en su blog:

http://reflexionesparamalpensantes.blogspot.com/2010/12/una-leccion-de-dignidad.html
Caminando por el pasillo del salón de plenos del Ayuntamiento de L’Hospitalet en dirección a la calle salía con la vista en alto, con la tranquilidad de quienes, a pesar de las condiciones sociales y políticas adversas, pueden decir alto y claro que han dicho y han hecho lo que sus valores y principios dictan y no lo que el cálculo electoral recomienda. Me refiero concretamente al debate y posterior aprobación de la moción presentada por el PSC para impedir la reagrupación familiar a personas de origen extranjero por “faltas de incivismo”. En efecto salí tranquilo y contento, no por la moción ni por sus consecuencias, que son nefastas para la cohesión social, salí contento por corroborar una vez más que no me equivoque, que estoy en el lugar adecuado, que acerté apoyando y militando en ICV. Mi orgullo contrastaba con la cara descompuesta de unos chavales de las Juventudes Socialistas que no podían más que aferrar su mirada al suelo, como lo hicieron algunos de sus regidores, que cruzaban con celeridad el mismo pasillo expuestos a un escarnio público producto de sus renuncias éticas.
Tranquilo estaba, repito, porque lo que ocurrió ayer fue una humilde lección de dignidad. Nada más y nada menos, la imagen no podía ser más esperpéntica. A un lado el grupo socialista y el ponente de la moción parapetados entre papeles y corbatas, repitiendo atropellado que buscaban proteger al grueso del colectivo inmigrante de la estigmatización, justamente limitando los derechos fundamentales de quienes fuesen “extranjeros” e “incívicos” por encima del Código Civil. Eso decía el concejal, eso reiteró la alcaldesa, eso que no se lo creían ni ellos mismo retumbo en la sala del pleno mientras el líder de los Populares, Juan Carlos del Río, se regodeaba en su escaño con una sonrisa socarrona, supongo que deleitándose con la deriva incierta de los socialistas. Y es que no podía ser para menos, el PSC estaba plegándose a la estrategia política y al discurso del PP, una renuncia con la que declinó cualquier posibilidad de volver a un progresismo moderado.
“Si se cruza la línea roja nos vamos del gobierno”, sentenció el regidor de Educación y Presidente de ICV L’Hospitalet Lluís Esteve. La línea roja a la que se refería era la posible aplicación de ésta medida restrictiva en la nueva reglamentación de la Ley de Extranjería. Estaba dicho y estaba claro, si se hace nos vamos.
Así están las cosas, lo cierto es que no querría estar en los zapatos de los militantes del PSC que son de origen extranjero, qué se sentirá hacer parte de un Partido que diseña mociones que dan por sentado que ser inmigrante y ser incívico es lo mismo, por lo menos hasta hace poco les quedaba el gobierno, y mal que bien en algunos todavía hace mella eso que los escritores llaman la “erótica del poder”, pero ahora han quedado huérfanos de aparato, huérfanos de discurso, huérfanos inclusive de aliados. Desconsolados estarán viendo como los estrategas del PSC para salvar el barco que hace agua, y de paso su pellejo, tiran por la borda lo que les supone mayor peso o menor relevancia, a sus militantes que de “exóticos” pasaron a “masivos” con todo y sus folklores, sus coloridas bullangas y si es necesario a parte para que quede claro renegar de ellos, y lo seguirán haciendo si hace falta porque precisamente no quieren perder aquello que les erotiza, el poder.
Visto el panorama lo que ha pasado ayer es que ICV ha dado una vez más una lección de dignidad y se muestra como balsa para esos náufragos que va dejando el armatoste hundido de la socialdemocracia catalana.

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