
EL PNV había venido dirigiendo la política vasca desde las primeras elecciones autonómicas, celebradas en el año 1980. La existencia del terrorismo le brindó a lo largo de todos esos años una clara ventaja electoral. Los candidatos de los partidos constitucionalistas eran hostigados y asesinados. En Euskadi no se habían dado nunca las condiciones de igualdad entre las distintas opciones políticas. El derecho constitucional activo y pasivo -a elegir y ser elegido, en igualdad de condiciones- seguía siendo en el País Vasco una reivindicación pendiente en vez de una realidad. Los partidos constitucionalistas nos presentábamos a la elecciones lastrados. Y los ciudadanos no nacionalistas no tenían garantizada su libertad y su igualdad para elegir o ser elegidos. El PNV siempre se aprovechó electoralmente de esa anomalía democrática. Y no sólo eso: la quiso institucionalizar firmando con ETA el acuerdo según el cual se comprometía a excluir políticamente al PSE y al PP.
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