sábado, 30 de junio de 2012
El cerebro humano
Si el cerebro del ser humano fuera tan sencillo que lo pudiéramos entender, entonces seríamos tan estupidos que tampoco lo entenderíamos.
viernes, 29 de junio de 2012
jueves, 28 de junio de 2012
Plato cocinado
La opinión de Victoria Priego en El Mundo.
Receta: Cómo cocinar un estado de opinión pública que permita a un líder presionar para alcanzar la meta política que el líder ha vendido a esa misma opinión pública como la Tierra Prometida.
Ingredientes: Un puñado de medios de comunicación propios/ Un mensaje victimista fácil de entender/ Un saqueador oficial/ Una promesa de felicidad/ Un instituto de opinión solvente/ Una pregunta de las que obligan a estar a favor o en contra.
Elaboración: Se empieza lanzando durante años un mensaje fácil de entender que diga: «España nos roba». Se lanza ese mensaje en todos los medios de comunicación y se hace repetir insistentemente por los periodistas de las televisiones y radio autonómicas financiadas por el propio Govern. El mensaje básico debe llevar este añadido: «Si Cataluña tuviera el pacto fiscal que Artur Mas reclama a Rajoy, los ciudadanos no padecerían los recortes que ahora sufren». O incluso éste otro: «Si Cataluña se independizara de España, no tendría los problemas económicos que tiene».
Agítese el mensaje por tierra mar y aire, repitiendo mucho el esencial -«España nos roba»- y úsese para explicar el inmenso agujero de déficit dejado en Cataluña por los gobiernos anteriores, teniendo buen cuidado de no culpar a éstos sino directamente al Gobierno de España. Esto último es importante porque, de otro modo, la receta no sale bien.
Una vez alcanzado el punto requerido, encárguese al instituto de opinión dependiente de la Generalitat que haga la pregunta dicotómica: «Si se celebrara un referéndum para decidir la independencia de Cataluña ¿usted qué votaría?». Tras todo un año de maceración, se obtendrá el resultado: un 51,1% dice que votaría favor de esa independencia que tanto bienestar va a traer a los ciudadanos catalanes expoliados por España. Y sólo un 21,1% de valientes se atreve a declarar que votaría en contra de ese bienestar que se incluye de regalo junto al voto.
El plato se sirve bien caliente en la mesa del presidente del Gobierno español para que sepa que, o acepta firmar el pacto fiscal que Artur Mas se sacó de la manga en la campaña electoral, o se enfrentará a un imparable movimiento independentista nacido de las mismas entrañas del pueblo catalán.
Así es como han jugado los nacionalistas de CiU esta partida: creando a base de tenacidad un clima de opinión que, una vez obtenido el sello del 'CIS' catalán, se va a esgrimir políticamente como genuina exigencia popular ante la cual no cabe más que la aceptación o el abismo de un conflicto irreparable.
Hace ya mucho tiempo que esta estrategia está en marcha y no es privativa del señor Mas. Antes que él, Pasqual Maragall y José Montilla se aplicaron con pasión de orfebre medieval a perfilar este dogma falso, pero en el que hoy dice creer la mayoría.
Aunque la realidad es también ésta otra: el 37,3% de los preguntados se siente tan español como catalán. Y el 30,2% más catalán que español, pero también español. A ver si se atreve el señor Mas a pedir de verdad, pero de verdad, a ese 67,5% de ciudadanos que respalden esa independencia que, como amenaza fabricada, pretende esgrimir este otoño ante el presidente del Gobierno de la nación.
martes, 26 de junio de 2012
Negligencia hemisférica
Negligencia hemisférica es un deterioro cerebral que provoca que el enfermo sólo vea la mitad de las cosas. De manera que algunos solo comen del lado izquierdo del plato y otros se atan sólo el zapato derecho.
domingo, 24 de junio de 2012
jueves, 21 de junio de 2012
Contra la inmersión lingüística
La opinión de Jesús Royo en La Voz de Barcelona.
Mercè Vilarrubias desmonta el argumentario justificador de la inmersión lingüística, y lo hace de la manera más eficaz: sin alharacas ni aspavientos, acudiendo a la realidad con la lupa -¡cruel lupa!- de la ciencia… La inmersión lingüística obligatoria que se practica en Cataluña es pura bazofia intelectual, pedagógica, social y política. Y también lingüística, si me apuran. Nunca ha habido estudios teóricos solventes que la avalaran. La pedagogía catalana más fiable en los años setenta y ochenta, o sea Marta Mata y la Escola Activa, nunca propuso la inmersión, sino educación en lengua materna hasta la segunda etapa de Primaria.
¿Cómo un producto de tan poca calidad ha podido imponerse en todas las instancias de Cataluña -todas las que cuentan, claro- con absoluta impunidad, sin el más mínimo debate? Ahí han tragado todos los partidos políticos -todos los que cuentan, claro-, de derechas y de izquierdas, y todos los medios, todos los opinadores, todos los profesores universitarios, toda la intelectualidad. Con honrosas y a veces dramáticas excepciones.
¿Cómo nos tragamos que la lengua materna no es importante: sobre todo si es la de los otros? (Els altres catalans). ¡Tanto como argumentamos cuando el franquismo sobre la conveniencia de introducir la lengua materna en la escuela! ¡Y la de traumas que habían sufrido los niños catalanohablantes por esa razón! Ahora de repente no había trauma ninguno: ¡que los niños son esponjas, hombre! Y para rematar, cómo tragamos (el sarcasmo) con lo de la cohesión social, con que el catalán garantizaba una sociedad más solidaria, más unida y más igualitaria.
Algunos aún creyeron -y creen- que la inmersión era lo mejor para Cataluña, o para el catalán. ¿De verdad no escolarizar en su lengua a la mayor parte de catalanes es lo mejor para Cataluña? ¿Para defender a Cataluña hay que ofender a la mayor parte de catalanes? ¿De verdad el futuro del catalán pasa por la pérdida de derechos de los catalanes? Y si hubiera que elegir, ¿qué es lo primero?
Todo ese sucio argumentario lo desmonta Mercè Vilarrubias en su libro Sumar y no restar, que va a ser la revelación de este año. Y lo hace de la manera más eficaz: sin alharacas ni aspavientos, acudiendo a la realidad con la lupa -¡cruel lupa!- de la ciencia. Conclusión: el programa de inmersión obligatoria no merece el título de programa pedagógico, ni social: solo político.
Y como programa político resulta altamente sospechoso. Y peligroso. Es explosivo, y está caducado. Pues hagamos con él lo que se hace con los explosivos caducados: abandonarlos. Es un milagro que aún no haya explotado. Desactivémoslo, ya.
miércoles, 20 de junio de 2012
Dos hospitalenses que quieren triunfar en Europa
martes, 19 de junio de 2012
Así marca el Barça, así marca España.
Muchas semejanzas entre el primer gol del partido del Barça contra la Real Sociedad y el tanto de ayer marcado por España.
domingo, 17 de junio de 2012
Los partidos catalanes y el Pacto Fiscal
La opinión de Ángel de la Fuente en El País.
Triste espectáculo el que están dando los partidos catalanes supuestamente no nacionalistas en los prolegómenos de la negociación del Pacto Fiscal. Una vez admitida sin rechistar la falacia del maltrato fiscal a Cataluña, resulta difícil resistirse a la conclusión de que es necesario negociar un sistema fiscal singular para la región que ponga coto a la situación. Se termina así exigiendo que se pongan límites a la "solidaridad" en nombre de la justicia. Como mínimo, suena raro.
Que CiU y Esquerra intenten vender la moto del “expolio fiscal” para conseguir ventajas para su tribu es lógico y natural. De eso viven. Lo que es difícil de entender es por qué sus adversarios políticos aceptan sin más algunos eslóganes nacionalistas que no resisten la confrontación con los datos o con la lógica.
Dos apuntes rápidos en este sentido. Primero. Si España nos roba, ¿cómo lo hace? Yo no termino de verlo. No puede ser a través de los impuestos estatales (el impuesto de sociedades y los tramos estatales del IRPF, IVA e impuestos especiales) porque a todos se nos aplica la misma escala con independencia de la región en que vivamos. No es a través de las pensiones o de las prestaciones por desempleo pues en ningún sitio se dice que los residentes en Cataluña cobraremos menos por estos conceptos a igualdad de cotizaciones y cargas familiares. Tampoco es a través de la financiación de la Generalitat. Con datos del último año liquidado (2009) y a igualdad de competencias y de escalas impositivas en los impuestos autonómicos, nuestro gobierno regional se sitúa ligeramente por encima de la media en términos de financiación por habitante ajustado, con un índice de 103,7 sobre un promedio de 100 para el conjunto de las comunidades no forales.
Lo que sí es cierto es que en Cataluña pagamos más impuestos autonómicos que en otros sitios, con tipos más altos en el tramo autonómico del IRPF así como en el ITP y el impuesto sobre carburantes que los que se aplican en otras regiones y con tasas más elevadas sobre el agua y otros servicios. Pero ese dinero se queda en las arcas del Gobierno regional, así que por ahí tampoco nos puede estar robando Madrid. Lo curioso es que tan ocupados como estamos en quejarnos de Madrid, nadie le pide cuentas a la Generalitat. ¿No tendrá ésta algo que ver con el problema? Si la administración catalana no consigue ofrecer servicios satisfactorios a pesar de contar con más recursos de la media a igualdad de condiciones (a lo que hay que añadir los rendimientos extra de impuestos autonómicos más altos que los de comunidades vecinas), ¿no podría ser que estuviese haciendo algo mal?
Segundo. La solidaridad no tiene nada que ver con esta historia. No hablamos de caridad o conceptos similares de ayuda voluntaria al necesitado sino del principio constitucional de igualdad. Un Estado moderno y democrático muy difícilmente podría estar basado en un principio diferente a la igualdad de todos su ciudadanos. Y tal igualdad no puede limitarse a la igualdad formal ante la ley sino que tiene que extenderse a la igualdad de acceso a los principales servicios públicos y a la igualdad en la obligación de contribuir al sostenimiento de las cargas públicas en función de la renta de cada uno. Tal principio exige que los ciudadanos de mayor renta paguen más impuestos que la media para contribuir a financiar el acceso de todos a la sanidad, la educación y otros servicios fundamentales en condiciones similares a través de una financiación autonómica igualitaria.
Conviene observar que esto inevitablemente genera déficits y superavits fiscales a nivel individual y, por agregación, a nivel regional dado que la renta no se distribuye de manera uniforme en el territorio. Lo primero lo aceptamos con resignación y naturalidad casi todos. Todos despotricamos contra Hacienda, pero no he visto nunca a nadie de renta superior a la media reclamando seriamente a la Agencia Tributaria que le devuelvan su dinero apelando a argumentos de justicia y a la necesidad de evitar su asfixia económica. No veo por qué la cosa ha de ser distinta a nivel regional. Los saldos fiscales regionales, positivos o negativos, no son más que una consecuencia natural de la necesaria redistribución de la renta a nivel individual y no deberían preocuparnos siempre que (o en la medida en que) sean fruto de normas razonables y uniformes de reparto de cargas y prestaciones públicas a nivel individual. Por lo dicho más arriba, y al menos como primera aproximación, aquí tampoco hay mucho que rascar.
A juzgar por la armonía reinante en la cumbre sobre el Pacto Fiscal de hace unos días, las objeciones que acabo de esbozar a las tesis nacionalistas no convencerían en absoluto a los líderes de Iniciativa o del PSC y no sé siquiera si las comprarían por entero los del PP o Ciutadans. Cada uno es muy dueño de sus opiniones, pero tengo que decir que algunas de ellas son un tanto peculiares, especialmente en partidos que se dicen de izquierdas. ¿La igualdad debería terminarse en el Ebro? ¿Por qué no en el Llobregat, o en la puerta de cada casa? Y en cualquier caso, hay que ser consistente. Si de verdad lo piensan, que lo digan a ambos lados del río o que los de este lado quiten las letras que haga falta de su nombre.
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